La población de la tercera edad aumenta
velozmente en Colombia y el mundo entero,
y es característico notar como hoy en día no se cuenta en este país con políticas que garanticen una vejez digna a
todo colombiano. Recordemos que para allá vamos todos y por eso es necesario no
hacernos los de la “oreja gocha”.
Es habitual hoy día en Colombia,
que cuando esta edad se acerca para alguien, es inevitable no imaginar un
futuro hostil y gris. Esta situación debido a que a diario observamos como los
abuelos son sometidos a situación de abandono por parte de sus familias y
gobiernos, sin contar con que sólo una mínima parte de ellos logra albergase en
asociaciones caritativas o alcanzar una jubilación con mediana dignidad. Claro está
y lo sabemos también, hay un mínimo de abuelos afortunados que gozan del
respaldo y amor de sus familias, y otros mínimo que aún disfrutan más porque su
salud ha sido sabiamente cuidada a los largo de su vida.
Los ancianos merecen un descanso y protección integra, no por ser ancianos sino por ser seres humanos y ciudadanos iguales a todos. Su protección o descanso debe provenir de su familia o del Estado. Como una responsabilidad y un derecho, no como mendicidad ni favor, porque gracias a ellos se construyó una familia y se aportó a una sociedad y un país en su desarrollo social y económico. Por ello cuando llega la hora de la vejez, hora de descansar, el estado debe protegerlos y garantizar dicha protección como un derecho fundamental. Dios quiera ese sueño no este lejano y aún más teniendo en cuenta que gran parte de la población colombiana está compuesta por la tercera edad y que para allá también vamos nosotros, vuelvo y repito.
Diana Chaustre

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